jueves, 20 de octubre de 2022

Nuno Júdice / Cómo se hace el poema



Traducción de Lauren Mendinueta





Nuno Júdice
































Desde la publicación La noción de poema (1972), Júdice ha desarrollado en su poesía un conjunto de líneas temáticas principales entre las que sobresalen la escritura de poemas sobre el poema, el amor, la mujer amada, las metáforas del campo y sus trabajos aplicados a la creación del poema y ciertos recuerdos de las épocas más tempranas de su vida. Estos temas forman en su conjunto un auténtico retrato de la sociedad portuguesa, a caballo entre el siglo xx y el xxi. La pregunta principal de su poesía sería esta: ¿qué es el poema?, entendiendo el poema como un objeto vivo que perdura en la mente del lector. «La poesía que muere una vez leída, esa poesía seca, formal, que es un objeto interesante, pero no pasa de eso, no me interesa», ha declarado en varias ocasiones. «El poema tiene que dirigirse al lector como algo esencial y transformarlo, hacerle ver las cosas de otra forma», agrega Júdice.
Lauren Mendinueta






Publicamos a continuación una selección de cinco poemas sobre qué es y cómo se hace un poema del libro Cómo se hace el poema de Nuno Júdiceen versión de Lauren Mendinueta (Animal Sospechoso, 2022, Barcelona). Los poemas originales en portugués aparecen al final de la entrada.

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Nueva teoría de la literatura


¿Qué es la literatura? No es apenas esa vibración 

que veo en tus ojos y me obliga a describir 

las oscilaciones de su color en un instante, entre la mañana 

y la tarde, cuando la primavera te contamina con su 

luz; ni la risa que tus labios me devuelven 

en el ciclo de marea en que todos los acantilados 

me conducen a ti. Puedo decir que la literatura

es todo, y es la nada que alimenta ese todo cuando 

nos sentamos a la orilla del ser, y el amor nace de su 

circunstancia; o puede ser la sombra que la muerte

esconde, en un azar de invierno, para que las palabras 

que digo la liberen de su olvido. La literatura 

es una memoria de aceitunas y naranjas en el verano  

de la infancia; es la caída del viejo, cuando el otoño 

se aproxima, y la repentina certeza de que una silla 

quedará vacía en el atrio de la casa; es tu cuerpo en mí, 

completando recuerdos y libertando imágenes; es 

la mesa llena en el instante de la vida, con 

sus platos llenos de sueño y los vasos 

a rebosar con el rumor transparente del tiempo. No 

es preciso aprenderla; alimentarla de casualidades, 

se mueve con las alas del silencio; canta con 

la música de un movimiento amado. La encuentro 

cuando no la espero, y voy a su encuentro 

cuando tu mirada se cruza con la mía. Está

aquí, en cada paso que doy, dura y frágil como 

la flor del campo que se renueva cuando la cogemos 

y vive para siempre en la mano que la ofrece.






Poesía


Este árbol entró en mi cuerpo con sus raíces 

de fuego; me devoró el alma con sus ramas encendidas de 

inspiración; corroyó cada rincón de mi ser con las 

hojas blancas de su ansia; y en cada primavera dio 

la flor más inesperada con la música de sus pétalos, 

y el brillo de la imagen que se abre cuando la mirada 

procura el centro de la corola. Es un árbol que no se seca

ni precisa de agua; que no pierde las hojas ni las flores 

a pesar de inviernos y otoños; que comparte el día 

con la noche, cuando procuro su sombra, y es su luz 

la que me llena. Podía ser un árbol de aire libre, pero 

también crece en los cuartos más oscuros, en las salas

donde se acumula el humo y la respiración de quien vive,

en los sótanos donde la luz no entra. Le cortan en vano las

raíces: en vano intentan apagar su fuego: nace de ser 

el humus que lo alimenta; corre en las venas la savia 

que lo recorre. Mas no crece solo; es en ti donde 

encuentra su tierra más fértil, en el frío del invierno, 

el aire que lo envuelve, cuando tu ausencia lo asfixia, 

el agua que sus flores beben, en la aridez del estío. Tú, 

con tus dedos de yedra, tus labios de polen, 

y el dulce musgo de palabras con que envuelves 

su tronco. Árbol compartido, abrigando aves del amor,

dejo que tus ramas se extiendan sobre nosotros, 

con su canto de nube, o su eco de bosque.






Verbo


Pongo las palabras encima de la mesa; y dejo que se 

sirvan de ellas, que las partan en tajadas, sílaba a 

sílaba para llevárselas a la boca, donde las palabras

vuelven a pegarse para caer otra vez sobre la mesa.


Así conversamos los unos con los otros. Intercambiamos

palabras, y robamos otras palabras, cuando no las 

tenemos; y damos palabras cuando sabemos que están

de más. En todas las conversaciones sobran las palabras.


Pero hay palabras que quedan sobre la mesa cuando nos

vamos. Quedan frías, con la noche; si una ventana se 

abre el viento las empuja al piso. Al día siguiente 

la mujer del servicio ha de barrerlas como basura.


Por eso, cuando me voy, verifico si quedaron

palabras sobre la mesa; y las meto en mi bolsillo sin que nadie 

se dé cuenta. Después, las guardo en la gaveta del poema. 

Algún día, estas palabras han de servir para alguna cosa






Poema


Las cosas más simples las oigo en la pausa 

del viento, cuando un simple batir de lluvia en los 

cristales rompe el silencio de la noche y su ritmo 

se sobrepone al de las palabras. A veces es una 

voz cansada que repite incansablemente 

lo que la noche enseña a quien la vive; otras 

veces corre, apresurada, atropellando sentidos 

y frases como si quisiese llegar al final, más 

rápido que la madrugada. Son cosas simples 

como la arena que se agarra, y se escurre por 

entre los dedos mientras los ojos procuran 

una línea nítida en el horizonte; o son las 

cosas que súbitamente recordamos, cuando 

el sol emerge en una breve rasgadura de nube. 

Éstas son las cosas que pasan cuando el viento 

se queda; y son ellas las que intentamos recordar, como

si las hubiésemos oído y el ruido de la lluvia en los

cristales no hubiese apagado su voz.






Para escribir el poema


El poeta quiere escribir sobre un pájaro:

y el pájaro huye de su verso.


El poeta quiere escribir sobre la manzana: 

y la manzana se cae de la rama donde la puso.


El poeta quiere escribir sobre una flor: 

y la flor se marchita en el jarrón de la estrofa.


Entonces, el poeta hace una jaula de palabras 

para que el pájaro no huya.


Entonces, el poeta llama a la serpiente 

para que convenza a Eva de morder la manzana.


Entonces el poeta pone agua en la estrofa 

para que no se marchite la flor.


Pero un pájaro no canta 

cuando lo encierran en una jaula.


La serpiente no sale de la tierra 

porque Eva teme a las serpientes.


Y el agua que debía mantener viva la flor 

se escurre por entre los versos.


Y cuando el poeta abandonó la pluma 

el pájaro comenzó a volar, 

Eva corrió a través del pomar 

y todas las flores nacieron de la tierra.


El poeta volvió a tomar su pluma, 

escribió lo que había visto 

y el poema quedó hecho.









* Al final del artículo aparece la versión original en portugués


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NUNO JÚDICE (Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949), licenciado en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa y doctorado en 1989 por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Nova de Lisboa, con una tesis sobre literatura medieval titulada El espacio del cuento en el texto medieval. Se desempeñó como docente universitario entre 1976 y 2015. En los cincuenta años de actividad literaria que han pasado desde la publicación de su primer libro, La noción de poema (1972), su poesía ha sido reunida en dos ocasiones en portugués: en 1991 bajo el título Obra poética (1972-1985); y en 2001, con el título Poesía reunida (1997-2000). Recibió en 2013, por el conjunto de su obra, el xxii premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y, en 2014, el premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval.

LAUREN MENDINUETA (Barranquilla, Colombia, 1977), poeta y traductora del portugués, ha publicado una docena libros, entre poesía, ensayo y biografía. Entre sus títulos de poesía, cabe mencionar Inventario de ciudad (1998), Autobiografía ampliada (2006) o La realidad alterada (México, 2018). En España ha obtenido distintos premios por los libros La vocación suspendida (2007, premio Martín García Ramos), Del tiempo, un paso (2011, premio César Simón). En Colombia, ha recibido el premio Nacional de Ensayo y Crítica de Arte del Ministerio de Cultura (2011) y el premio de poesía Barranquilla Capital Americana de la Cultura por su libro Una visita al Museo de Historia Natural (Animal Sospechoso, 2021). Actualmente reside en Lisboa, donde desarrolla una activa labor de difusión de la poesía colombiana, con títulos como Un país que sueña. Cien años de poesía colombiana (2012) o Los versos del navegante: antología poética de Álvaro Mutis (2013).






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Nova teoria da literatura


O que é a literatura? Não é apenas essa vibração 

que vejo nos teus olhos, e me obriga a descrever 

as oscilações da sua cor no instante entre a manhã 

e a tarde, quando a primavera te contamina com a sua

luz; nem o riso que os teus lábios me devolvem, 

no ciclo de maré em que todas as falésias 

me conduzem a ti. Posso dizer que a literatura 

é tudo, e é o nada que alimenta esse tudo quando 

nos sentamos à beira do ser, e o amor nasce da sua 

circunstância; ou pode ser a sombra que a morte 

esconde, num acaso de Inverno, para que as palavras 

que digo a libertem do seu esquecimento. A literatura 

é esta memória de azeitonas e laranjas no verão 

da infância; é a queda do velho, quando o Outono 

se aproxima, e fico a saber que em breve uma cadeira 

ficará vazia no átrio da casa; é o teu corpo em mim, 

completando memórias e libertando imagens; é 

a mesa cheia no instante da vida, com 

os seus pratos a transbordar de sonho e os copos 

cheios com o rumor transparente do tempo. Não 

é preciso aprendê-la; alimenta-se de acasos, 

move-se com as asas do silêncio; canta com 

a música de um movimento amado. Encontro-a 

quando não a espero; e vou ao seu encontro 

quando o teu olhar se cruza com o meu. Está 

aqui, em cada passo que dou, dura e frágil como 

a flor do campo, que se renova quando a colhemos, 

e vive para sempre na mão que a oferece.






Poesia


Esta árvore entrou no meu corpo, com as suas raízes 

de fogo; devorou-me a alma, com os ramos acesos da 

inspiração; corroeu cada recanto do meu ser, com as 

folhas brancas da sua ânsia; e em cada primavera deu 

a flor mais inesperada, com a música das suas pétalas, 

e o brilho da imagem que se abre quando o olhar 

procura o centro da corola. É uma árvore que não seca, 

nem precisa de água; que não perde folhas e flores, 

apesar de invernos e outonos; que partilha o dia 

com a noite, quando procuro a sua sombra, e é a sua luz

que me enche. Podia ser uma árvore de ar livre; mas 

também cresce nos quartos mais obscuros, nas salas 

onde se acumula o fumo e a respiração de quem vive, 

nas caves onde a luz não entra. Cortam-lhe em vão as 

raízes; em vão tentam apagar o seu fogo: nasce do 

ser o húmus que a alimenta; corre nas veias a seiva 

que a percorre. Mas não cresce sozinha; e é em ti que 

encontra a sua terra mais fértil, no frio do inverno, 

o ar que a envolve, quando a tua ausência a asfixia, 

a água que as suas flores bebem, na aridez do estio. Tu, 

com os teus dedos de hera, os teus lábios de pólen, 

e o doce musgo de palavras com que envolves o seu 

tronco. Árvore partilhada, abrigando as aves do amor,

deixo que os seus ramos se estendam sobre nós, 

com o seu canto de nuvem, e o seu eco de floresta.






Verbo


Ponho palavras em cima da mesa; e deixo que se 

sirvam delas, que as partam em fatias, sílaba a 

sílaba, para as levarem à boca – onde as palavras se 

voltam a colar, para caírem sobre a mesa.


Assim, conversamos uns com os outros. Trocamos 

palavras; e roubamos outras palavras, quando não as 

temos; e damos palavras, quando sabemos que estão a

mais. Em todas as conversas sobram as palavras.


Mas há as palavras que ficam sobre a mesa, quando nos

vamos embora. Ficam frias, com a noite; se uma janela se

abre, o vento sopra-as para o chão. No dia seguinte, a 

mulher a dias há-de varrê-las para o lixo.


Por isso, quando me vou embora, verifico se ficaram 

palavras sobre a mesa; e meto-as no bolso, sem ninguém

dar por isso. Depois, guardo-as na gaveta do poema. 

Algum dia, estas palavras hão-de servir para alguma coisa.






Poema


As coisas mais simples, ouço-as no intervalo 

do vento, quando um simples bater de chuva nos 

vidros rompe o silêncio da noite, e o seu ritmo 

se sobrepõe ao das palavras. Por vezes, é uma 

voz cansada, que repete incansavelmente 

o que a noite ensina a quem a vive; de outras 

vezes, corre, apressada, atropelando sentidos 

e frases como se quisesse chegar ao fim, mais 

depressa do que a madrugada. São coisas simples

como a areia que se apanha, e escorre por 

entre os dedos enquanto os olhos procuram 

uma linha nítida no horizonte; ou são as 

coisas que subitamente lembramos, quando 

o sol emerge num breve rasgão de nuvem. 

Estas são as coisas que passam, quando o vento 

fica; e são elas que tentamos lembrar, como 

se as tivéssemos ouvido, e o ruído da chuva nos 

vidros não tivesse apagado a sua voz. 






Para escrever o poema


O poeta quer escrever sobre um pássaro:

e o pássaro foge-lhe do verso.


O poeta quer escrever sobre a maçã: e a maçã 

cai-lhe do ramo onde a pousou.


O poeta quer escrever sobre uma flor: 

e a flor murcha no jarro da estrofe.


Então, o poeta faz uma gaiola de palavras 

para o pássaro não fugir.


Então, o poeta chama pela serpente 

para que ela convença Eva a morder a maçã.


Então, o poeta põe água na estrofe 

para que a flor não murche.


Mas um pássaro não canta 

quando o fecham na gaiola.


A serpente não sai da terra 

porque Eva tem medo de serpentes.


E a água que devia manter viva a flor 

escorre por entre os versos.


E quando o poeta pousou a caneta, 

o pássaro começou a voar, 

Eva correu por entre as macieiras 

e todas as flores nasceram da terra.


O poeta voltou a pegar na caneta, 

escreveu o que tinha visto, 

e o poema ficou feito.



miércoles, 19 de octubre de 2022

Aleisa Ribalta / Jugando a los dados







Aleisa Ribalta



























[…] se dan cita personajes que se mueven entre la historia y la leyenda, la literatura y el mito. La diosa del Yangtsé, Odiseo y Penélope conviven con los taínos, la madre de Tesla y la mujer del Dr. Bach; un espacio donde lo irreal cobra cuerpo y lo real se diluye. Conviven también con una voz en apariencia autobiográfica pero que, no obstante, podría ser la de cualquiera de nosotros parados frente al amor o el desamparo. Navegando a contracorriente, de costado a su tiempo, Ribalta Guzmán vuelve a la poesía como zona sagrada; como veneración a las posibilidades plásticas de la palabra. También lo sagrado como consagración, es decir, como intento de dotar de significación al mundo. Desde esa significación, funda una cosmogonía propia, con sus claves y secretos particulares […].
Kelly M. Grandal




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Arigato


A José Adrián Vitier, nieto de poetas

A cree que lo sabe todo.
Y he ahí el encanto de A.
A, que también podría
llamarse X, vuelve de su TAO,
surco y espiral, karma:
nos reencontramos.

A, que está roto por dentro,
al vuelo, se compone.
Llega con una jaula
hecha de güines,
pone a cantar un tomeguín.
Vamos pa’l monte
(me dice con lascivia).


A tiene una cámara
desde donde empuña
catalejo, merjet.
Hueco para mirar
el mundo juntos.
Tiene dentro la luna.


Acullá fieros rondan:
los duendes,
los demonios,
lo obscuro…
como a todos.


Ni héroe
ni antihéroe.
Ni víctima
ni verdugo.
Un buen tipo
¡además!


Rama
hoja
corteza
(necesaria).


Un musgo
fino
cubriendo
el árbol
que intacto
observa
su ilusión
de loto
sentado
en su bondad.


Pero me alcanza…
Dispara
fulmina
(revelando)
en el mismísimo
centro
de mi
soledad.





Fúndeme con tu arcilla


una mano como las raíces de un árbol
un vaso campaniforme lleno de huesecillos de ignorancia

Clara Janés


Toda la Poesía al horno
una mezcla de lodo
dudosamente maleable
inasible la puta
no se deja besar


En setenta ánforas
vacías
recurren
Aquiles y Áyax
jugando a los dados


qué de cántaros
mudos
en el Tiempo


Uno sólo puso
sobre masa templada
lanzas en V
escudos a un lado
un cuatro Aquiles
un tres Áyax


Pentesilea fulminando con sus ojos
al del talón ya menos vulnerable
mirando altiva
sangra
grácil y blanca
como
ninguna
¿atravesada por qué lanza?
¿qué tendría la arcilla?


Huele fresca la rúbrica
sobre lécito en negro
«Exequias me hizo»





Annona squamosa


A mi abuelo José de la Caridad Guzmán


Cuando el abuelo sembró
jaspeada y larga
la semilla
no sabía que plantaba
el Yggdrasil
Era el árbol más nuestro
allí nacimos todos
de él nos colgábamos
para parecer
monos en las fotos


La vida gustaba
de tarde en tarde
de colgarse
como nosotros
al anón del patio
Allí sucedía
en todo su esplendor
germinaba
nos la podíamos
comer feliz


El viejo juez sacaba
día tras día el taburete
lo recostaba al tronco
bajo la misma sombra


A los cinco años de plantado
ya daba buenos frutos
casi cincuenta
todos igual de dulces
porciones del paraíso


Compartía el abuelo
sus anones
cómo esconder
aquel olor dulzón
en el patio interior
de un suburbio
lleno de niños


Si entrábamos por el callejón
(allí frente a la casa
de Andrés el de Jimagua)
era parada obligatoria
aquel árbol pequeño
que paría demasiado


Desde el portal sabía la abuela
que cosechábamos
los frutos con que el viejo
saboteaba sus almuerzos
Quítense el uniforme
que el anón mancha
dejen eso para el postre


Pero nosotros
embadurnados hasta la vida
no entrábamos a la casa
porque para qué comerse
la harina de la abuela
si el anón era la ambrosía
suerte de puño rugoso
que llenaba panza
y nos ponía líricos


Una vez el abuelo nos contó
lo del diamante
¿Qué? ¿Es una piedra?
Sí, claro
hay que pulirlo
¿Y eso cómo se hace?
Mucho trabajo decía el abuelo
pero vale la pena.





Wichi a Cofiño desde el más allá


Las ventanas, usted y esas ridículas maneras de soñar
el árbol es más huérfano dentro de una ventana
el trino abandona para siempre al pájaro
para el que desde la ventana le observa
y sabe que no es sordo del todo
y el mar, siempre el pedazo de mar aquel
que no nos sirve para nada
dentro de una ventana
La muchacha que por allí se pasea, va y viene
desaparece, intermitente como el amor…
¡Latido! ¡Sería bueno que se quedara
pero es una ventana!
Cinética del que sueña preso
hiperrealismo non sense
La sensación de aprehensión no tiene remedio
Usted se quedará solo y lo sabe
a menos que la muchacha le descubra
in fraganti, mirándole
y por unos minutos,
con mar y todo,
desaparezca la ventana.






Manual del nómada desorientado


Pasear por una ciudad que no te pertenece,
tiene sus encantos y sus mañas.
La gente es como es, es diferente
no trates de cambiarla
pero las calles, los muros, los conocidos
arcos del triunfo, tienen un historia común,
sudores y sangres de la misma composición
que la tuya, recuerdos que más o menos se parecen.
Los bares son también lo mismo.
Si pides un té, un cortado, o simplemente un café,
sera igual estés donde estés.
Y hasta te cobraran casi lo mismo,
al cambio por supuesto.
Los parques y las plazas
serán gemelos de los de tu ciudad,
respirarás un aire parecido,
sonreirán los niños como siempre,
los perros harán lo suyo en los árboles,
las aves se posarán en los mismos lugares,
y los abuelos entre distraídos y absortos,
verán correr a los nietos,
sostendrán en una mano la correa del perro,
e intentarán dar de comer a las palomas,
con un poco de arroz y de nostalgia en la otra mano.


Si buscas el mar, verás la gran masa azul,
insondable y perenne desde que el mundo es mundo.
No hallarás nada distinto.
El inmenso mar es eso: la vieja composición
de hidrógeno y oxígeno, combinados dos a uno,
que estará quieta o voluble según el día,
fría o cálida según el tiempo,
y esto es así en todos los mares
y todas las ciudades.
Resumiendo: nada cambia,
también tú eres el mismo,
digas lo que digas,
     hagas lo que hagas,
          vengas de donde vengas.
Y de nada te sirve querer estar en La Habana
o en cualquier otro sitio
porque estás en Barcelona y eres,
uno más entre la gente.






Continuidad del deseo


Y si por algo así
como el milagro del deseo
o el deseo del milagro
o que más da el milagro
si todo lo que hay es
puro y duro deseo
si de repente imaginas
que te espero
o me esperas
allí en el parque
donde nunca hay nadie
ese parque tan triste
que no parece parque


Aquí hago como que no te veo
tú como que no me ves
me siento a tu lado
se llena el parque de flores
de vejetes con perros
pelotas y niños
pajaritos cantando
ah está el parque que trina
de pura vida
lo cual es ideal para un parque
así tan parque solo
que no parece serlo
válganos el decorado
pues por fin nos veríamos
y entre tanta vida
derredor nos besaríamos
seguros de pasar inadvertidos
y el beso sería lo más real
de este sueño
tan irreal como continuo
Estar en un parque
que esta dentro
de otro parque
que a su vez
esta dentro de…


Y para salir del sueño
tendríamos que besarnos
de vuelta de cada uno
de esos parques
hasta no saber nunca
cuál el parque
que soñamos primero
y cuál el último soñado
para siempre sentados
en infinitos los parques
sin saber cuál el cierto
cuál el inventado
y lo peor es decir lo mejor
no pudiéramos salir
nunca de un beso





Un areíto contra Holcan Okot


Esa es Cuba, la isla, la olla puesta al fuego de los trópicos…
Fernando Ortiz


Y dijeron que no querían más puerto que sus brazos
a los llegados por baguá.
¡Oráculos de taínos!
No tuvimos pirámides, solo burdas casitas
en barro amasamos el casabe
con los hijos procreamos
tan mansos íbamos por la playa
desnudos recolectando abalorios
hasta que un día
nos quemaron vivos.


¡Oráculos de mayas!
¿qué mundo era ése
del que presagiaban el final?
sus secretos en ruinas
brillantes ingenieros
el agua sigue recorriendo
canales que nadie se explica
cómo las construyeron
Las ruinas ahí
tal vez, para contarlo…


No tuvimos pirámides
no tenemos ya nada
solo ruinas sin nada que contar.
La historia nos dejo muy mal parados
nunca fue todo el oro del río
canjeable, si es que existió
por esas absurdas bolas de colores.


¿Y si intentamos lo que los ancestros?
calentarnos debajo de una choza
alimentar los hijos
salir a recorrer la playa
al huacal Jaiba y Rabirrubia
Una caracola a cada oreja
por posesión el mar.


Igual sí que podemos vengar a los Taínos
de ellos no quedo ni rastro
de nosotros ¿tampoco?






Tres lindas cubanas


…y el infinito azul arriba con sus nubes blancas
y una paloma se esconde en la nube.
Vuelo en lo azul. Me entristece la impaciencia. Saldremos mañana.

José Martí, Diario de campaña


I


un todus multicolor
barrancolí cartacuba pedorrera
plumaje de ave
pequeña
cantora todo el arcoíris
en ella su canto
verde rojo azul
blanco etcétera
tanto color no es puro cortejo 
ni resultado de selección natural
alguna
sabemos que el todus pertenece 
a especie única y sin subespecies
de ahí su rara hermosura


II


un priotelus temnurus tocororo
trogón
guatiní su latido
resonancia aire contenido lamento
primo del quetzal 
su buche rojo
henchido exuberante dilatado
sabemos que el tocororo
sufre/aprende/tiñe
con mucha sangre 
su pecho 
que baja 
el dolor sublimado 
al vientre 
de ahí su endémica tristeza



III


reinita azulada
setophaga caerulescens
la bijirita migra
a costa de isla
ama/divaga/hiverna
luego prefiere
el dosel de los bosques
dendroica empolla
con ojos cerrados
madre nutre pichón
desnudo
padre da alpiste en pico
a la incubante
portilla joven
busca y rebusca
en el follaje
algún insecto pequeño
a su regreso
visita flores
de norantea guianensis
liba en éxtasis
se junta con todos
pasea extraño comportamiento
de individuo solitario
que únese
a bandadas
de aves mixtas
sabemos
que para consolarse
de ahí su promiscua alegría











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ALEISA RIBALTA (La Habana, 1971). Reside en Suecia desde 1998. Es poeta y coordinadora cultural. Ingeniera de profesión, se desempeña como docente de asignaturas demasiado técnicas y no directamente relacionadas a la literatura como: Diseño de Interfaces Gráficas, Diseño Web y Programación de Aplicaciones. Escribe desde muy joven mayormente poesía. Talud (Ekelcuá Ediciones, 2018) es su primer poemario que apareció traducido al catalán recientemente en la edición bilingüe Talús / Talud (bokeh, 2018). Publica en Chile su segundo poemario Tablero (Verbo Des-nudo, 2019) al cuidado del poeta Gino Ginoris.